Como seria enseñanza bíblica basada en Tito 2, si no existiere Ministerio de Mujeres dentro de las Iglesias Locales?



RESCATANDO LOS VALORES BÍBLICOS DE LA MUJER, SEGÚN TITO:”2”.-



Como seria  enseñanza bíblica basada en Tito 2, si no existiere Ministerio de Mujeres dentro de las Iglesias Locales?


 Escribo como una hermana e hija de Dios, que ama a la iglesia y quiere ver que todos y cada uno de  sus miembros  y en especial a la mujer que florezcan para la gloria de Dios.


Dios  les dio responsabilidad  tanto al hombre de ser cabeza del hogar y de dirigir la iglesia local bajo el señorío de Jesucristo, es igualmente cierto que la mujer es el corazón; por decirlo de una manera., Maestras del bien, mujeres de la palabra de Dios, enseñaban a las más jóvenes, niños en su crianza.-


 Hay que reconocer que Jesucristo reservó ciertas responsabilidades para el hombre, y que la mujer es llamada a sumisión bajo el liderazgo de su marido y el liderazgo masculino de la iglesia.

 Pero cometeríamos un grave error al pensar que la mujer aporta poca cosa al ministerio en general.

 Están las mujeres mayores enseñando a las más jóvenes? Tito 2 ofrece instrucción en cuanto a la importancia de la sana doctrina dentro de la iglesia.

 Un método en el que Pablo instruye a Tito es el alentar a las mujeres piadosas mayores a que enseñen a las mujeres más jóvenes.

 El ministerio de mujeres dentro de la iglesia primitiva fluía de la instrucción y la dirección de los pastores. 

Pablo entendió la importancia de las mujeres que aprenden de otras mujeres como parte de la salud general de la iglesia.

 ¿Están las mujeres mayores piadosas entrenando a las más jóvenes? ¿Su iglesia proporciona oportunidades de enseñanza para las mujeres? ¿Su liderazgo tiene un plan para fomentar el discipulado femenino dentro de la iglesia? 

En una la conferencia estatal para damas “Mujeres Centradas en el Evangelio”, auspiciada por la Convención General Bautista de Oklahoma (BGCO), Iglesia Bautista Central, y el ministerio Aviva Nuestros corazones.

   Fue un tiempo especial para las mujeres bautistas de Oklahoma en donde ellas fueron animadas, retadas, e inspiradas a servir y bendecir a sus familias, al igual que la iglesia de Jesucristo, de la forma que Dios diseñó para ellas. Entre los temas expuestos durante el evento se habló de la forma única en que el evangelio se aplica a la mujer cristiana. Dios ha dado un llamado especial a la mujer para servir en su hogar, su comunidad, y su iglesia.

 La presencia de la mujer en la primitiva Iglesia. En los Hechos de los apóstoles se narran los comienzos de la Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo. 

La importancia de sus relatos estriba en que los acontecimientos del principio son un paradigma de lo que acontece en las diversas etapas de la vida de la Iglesia, por ejemplo, la narración de la venida del Espíritu Santo sobre la primera comunidad reunida en el cenáculo. En esta comunidad están presentes los apóstoles, algunas mujeres, María la madre de Jesús y sus hermanos. Esta mención de María y las mujeres, que pudiera parecer sin importancia, es de suma transcendencia. Lo que aquí se refiere es válido para toda la historia de la Iglesia. 

En las reuniones de los primeros cristianos para orar, escuchar las enseñanzas de los apóstoles y partir el pan (cf. Act 2, 42. 46), las mujeres desempeñaron sin duda un papel importante, entre otras razones, porque las reuniones se tenían con frecuencia en casa de alguna mujer de posición acomodada.

 Al ser liberado Pedro de la cárcel, se dirige a la casa de María, la madre de Marcos, donde se hallan reunidos los fieles en oración (Act 2, 42. 46). En el ambiente griego, Pablo y sus compañeros se hospedan en casa de Lidia, la vendedora de púrpura, después de haberse bautizado ella «y los de su casa», (Act 16, 15). 

Nada se nos dice ni de su marido ni de sus hijos, signo evidente de que la protagonista era Lidia. 

Otras veces se resaltan las obras de caridad de una mujer, como en el caso de Tabita, «rica en buenas obras y limosnas>> (Act 9, 36-39).

 Se mencionan además las cuatro hijas del diácono Felipe, que eran vírgenes y profetizaban (Act 21, 8-10). Aquí se trata de un ministerio profético, aunque no se especifica su contenido ni su frecuencia. Priscila y Aquila completan en Efeso la instrucción cristiana de Apolo, «enseñándole con mayor exactitud el camino de Dios» (Act 18, 26). 

También aquí el nombrar a Priscila antes que a su marido indica que era ella la principal agente de esta instrucción.


 EN EL CASO DE LOS BAUTISTAS REFORMADOS LA FUNCIÓN DE LA LABOR DE LA MUJER   LA IGLESIA ES LIMITADA.-“La Mujer”No nombramos a mujeres como ancianos o diáconos. Creemos que ellas no deben ejercer autoridad en la iglesia sobre el varón. Esto no tiene nada que ver con una supuesta inferioridad o incompetencia de la mujer frente al varón. Tiene que ver netamente con el orden que Dios mismo estableció según su sabiduría en la creación, manifestado en las Escrituras. La mujer creyente tiene mucho que hacer en la vida y ministerio de la iglesia. Puede, y además debe, involucrarse de forma activa en el ministerio de la iglesia, animando, aconsejando, sirviendo en los diferentes asuntos legítimos, aun, puede llegar a instruir niños y enseñar privadamente” a otras hermanas. Si bien no es diaconiza “oficial”, sí puede servir en muchas formas a favor de todos.

 Hay diversos detalles que dependen de la intervención, el toque y el consejo femeninos para su perfecta realización.La mujer no debe actuar en la dirección del culto, sino sólo como parte de la congregación. En las reuniones públicas de oración, donde se supone existe un grupo mixto, no pedimos que dirija la oración o que actuara como ujier. En el caso de mujeres con esposo creyentes, no permitimos que la mujer haga preguntas, comentarios y peticiones en las reuniones públicas. Quizás en reuniones informales no estrictamente eclesiales, puede ser que ellas dirijan la oración, aun en grupo mixto, aunque creemos que no debe ser lo común.

 No existe ninguna sanción bíblica ni una implicación escritura, con respecto a que no pueda adorar y cantar como parte del pueblo de Dios.


Iglesias bautistas
La mayoría de los bautistas son evangélicos en doctrina, pero las creencias bautistas pueden variar debido al sistema de gobierno congregacional que da autonomía a las iglesias bautistas locales individuales.
 
VALORANDO LAS ÁREAS DONDE SIRVEN LAS MUJERES.
 En la sana enseñanza, la BIBLIA habla de: ordenar pastores, ancianos, y diáconos varones. Sin embargo, las mujeres participan en todo tipo de ministerios: ministerio de alcance, de enseñanza a otras mujeres, las misiones, la misericordia, la administración, la hospitalidad, finanzas, el ministerio a los niños, y evangelismo.


 Algunas se preguntan si su servicio tiene valor o importancia?

 VAMOS A LAS ESCRITURAS.-
Sus inquietudes me han impulsado a escribir una serie de preguntas para ayudar a evaluar la salud espiritual  y el verdadero sentido bíblico del ministerio de mujeres de una iglesia.


El ministerio de mujeres dentro de cualquier congregación es vital para la fuerza de todo el cuerpo.


Si la mitad de la iglesia no tiene conocimiento de cómo utilizar sus dones, o no tiene claro su rol, o lo ejerce incorrectamente cree que el estudio en profundidad de la verdad teológica es solo para hombres, entonces nuestras iglesias van a sufrir y van a confundir las escrituras.
Las mujeres en su congregación tienen la oportunidad de utilizar sus dones espirituales.


En muchas iglesias, mucho tiempo es dedicado a explicar los diferentes roles de hombres y mujeres. Estoy de acuerdo con la necesidad de este tipo de enseñanza y formación.

 Sin embargo, también es importante preguntarse: ¿es el mismo tiempo dedicado a ayudar a las mujeres a comprender sus dones espirituales y animarlas a utilizarlos dentro de la iglesia?
Una de las mayores influencias en el crecimiento espiritual proviene de los libros que leemos.

 ¿Quiénes son las autores de sexo femenino que puede recomendar y promover dentro de su congregación? A veces, los hombres y las mujeres utilizan inadvertidamente materiales que enseñan doctrina contraria a las enseñanzas bíblicas.


A menudo, el ministerio de las mujeres dentro de la iglesia es invisible.


Muchas mujeres líderes derraman fielmente sus vidas a la enseñanza de estudios de la Biblia, la organización de retiros, compartir el evangelio, proporcionar un consejo sabio, la oración por la iglesia, y el servicio en humildes actos de cuidado a otros.

 Tomarse el tiempo para preguntar y alentar a las mujeres en su servicio será una bendición para ellas y para toda la congregación. Como el escritor de Hebreos exhorta, “consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras… animémonos los unos a los otros” (He. 10:24). Las palabras de aprecio de un pastor, anciano, o diácono tienen el poder para impulsar el servicio al Reino.


La impresión que nos dejan estos textos es ciertamente muy negativa.

 Supone una evolución muy grande en la Iglesia respecto al tiempo y a las cartas de S. Pablo. Han surgido doctrinas nuevas o heréticas y se precisa una organización nueva y fuerte, dirigida por un hombre competente con experiencia de gobierno. 

Ha habido un proceso de «patriarcalización» de la Iglesia en el que se ha rebajado el papel de la mujer y exaltado el poder del jefe, obispo o presbítero. Mientras que en la primera carta a los Corintios la mujer podía intervenir en la asamblea, en ésta a Timoteo se le impone silencio y sumisión y se invoca el peligro que representa la mujer para el varón. Fue la mujer quien sedujo al primer hombre.

 Los códigos domésticos, presentes en estas cartas pastorales, lo mismo que en las de la cautividad y primera de S. Pedro, se reflejan en las normas de conducta que se establecen para las mujeres, los hijos y los esclavos (9).


¿Se proporciona entrenamiento teológico específicamente para las mujeres?
La comprensión de la teología afecta y bendice cada área proporcionando oportunidades para entrenar y enseñar a las mujeres y también a la iglesia con una base sólida de maestras.


 La mujer está llamada a trabajar junto a ellos (hombres), en esta tarea que glorifica a Dios.


VENGA TU REINO Y HÁGASE LA VOLUNTAD TUYA MI SEÑOR.-
 
Actitud de Jesús con las mujeres
Camino del Calvario salen al encuentro de Jesús algunas mujeres, llorando, mostrándole su amor y su ternura (Lc 23, 26-30). Las palabras que les dirige no son muy consoladoras: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mi; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos» (Lc 23,28).

 Ya en el Calvario, contempla a distancia aquella escena de dolor y de escarnio el grupo de mujeres que le habían seguido desde Galilea (Mc 15,40; Mt 27,55-56; Lc 23,49). Los tres evangelistas notan que no estaban junto a la cruz, sino que miraban desde lejos.

 Las que fueron testigos de su pasión y muerte debían ser las primeras en ver al Señor resucitado.


El hecho de que este grupo de mujeres, entre las que se menciona siempre a María Magdalena, fueran las primeras en ver al Señor resucitado y recibieran el mandato de anunciarlo a los discípulos es de suma importancia. 


Haber sido testigo de la resurrección de Jesús era una condición indispensable para poder ser agregado al número de los Doce, como se observa en la elección de Matías para sustituir a Judas (Act 1, 22). El mismo Pablo funda su misión en que ha visto al Señor camino de Damasco (cf. Gal 1, 12. 16). Tenemos, por consiguiente, un hecho importante y significativo: las mujeres son las primeras en ver a Jesús resucitado y reciben el encargo de anunciarlo a los discípulos (Mt 28, 7; Mc 16, 7; Lc 24,9; Jn 20,18).

La Iglesia Bautista no tiene una estructura jerárquica establecida. ... Esto les da derecho a sus miembros a la participación plena en la toma de decisiones en asuntos eclesiásticos, bajo la dirección del señorío de Jesucristo y según el modelo del Nuevo Testamento.

Los datos que nos ofrecen los Evangelios revelan que Jesús acogió entre sus discípulos y seguidores a algunas mujeres.

 Llama también la atención la libertad con que procede en su trato con ellas sin que se sintiese obligado por las leyes de pureza o impureza legal, cuando se trataba de ayudar a una mujer necesitada. 

Lo mismo hace con los leprosos y otros enfermos o muertos.

 Jesús viene a proclamar la buena nueva a los pobres y oprimidos, entre los que se encuentran sin duda las mujeres (cf. Lc 4, 18). No tiene reparo en hablar en público e instruir a la Samaritana (Jn 4,27), se deja tocar el manto por la hemorroísa a pesar de su estado de impureza (Mc 5, 25-34), cura en día de sábado a una mujer encorvada y la llama «hija de Abraham» (Lc 13, 10-16), impide que una mujer adúltera sea apedreada, como exigían sus acusadores, y le dirige palabras de aliento y de confianza (Jn 8, 3-1 1), se deja besar los pies y ungir con perfume por una mujer pública con gran escándalo del fariseo que lo invitó y de los demás comensales (Lc 7, 36-50), cura a la suegra de Pedro y la coge por la mano (Mc 1, 29-31), se deja ungir la cabeza en Betania, en casa de Simón, con un perfume carísimo y defiende a la mujer que realizó aquella acción (Mc 14, 3-9). No necesitamos acumular datos sobre esta conducta de Jesús que choca con algunas costumbres y leyes rituales y demuestra gran aprecio por la mujer, porque lo que interesa a nuestro objeto es la participación activa de la mujer en la evangelización. 

Algo de esto podemos vislumbrar en los relatos de la muerte y resurrección de Jesús.

 Aquí un grupo de mujeres adquiere un relieve especial.


Camino del Calvario salen al encuentro de Jesús algunas mujeres, llorando, mostrándole su amor y su ternura (Lc 23, 26-30). Las palabras que les dirige no son muy consoladoras: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mi; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos» (Lc 23,28). 
Ya en el Calvario, contempla a distancia aquella escena de dolor y de escarnio el grupo de mujeres que le habían seguido desde Galilea (Mc 15,40; Mt 27,55-56; Lc 23,49).
 Los tres evangelistas notan que no estaban junto a la cruz, sino que miraban desde lejos.
 Las que fueron testigos de su pasión y muerte debían ser las primeras en ver al Señor resucitado.

El hecho de que este grupo de mujeres, entre las que se menciona siempre a María Magdalena, fueran las primeras en ver al Señor resucitado y recibieran el mandato de anunciarlo a los discípulos es de suma importancia.
 Haber sido testigo de la resurrección de Jesús era una condición indispensable para poder ser agregado al número de los Doce, como se observa en la elección de Matías para sustituir a Judas (Act 1, 22).
 El mismo Pablo funda su misión en que ha visto al Señor camino de Damasco (cf. Gal 1, 12. 16). Tenemos, por consiguiente, un hecho importante y significativo: las mujeres son las primeras en ver a Jesús resucitado y reciben el encargo de anunciarlo a los discípulos (Mt 28, 7; Mc 16, 7; Lc 24,9; Jn 20,18).


Dra Zaida Marcano DE NAVAS.-
Hija del Altísimo y apasionada por las escrituras.-

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